El hombre unidireccional en la ciudad unidireccional

Texto para el Catálogo de la Exposición
de la artista plástica Angélica Cordero
“METRÓPOLIS: Escenas de ciudad”.


Inmerso “dentro” de una arquitectura de exteriores -que se plantea acá, como paisaje urbano en sus rasgos más inhóspitos, en cuanto a sus inhumanas dimensiones-, el hombre-masa… aquel de la megalópolis, el de la gran ciudad, fundido en ésta como parte de su paisaje total, sustráese como elemento de una serialización, en donde la pérdida de diferenciación con los demás, anula su imagen objetiva como individuo, o sea, esa que traduce su diferencia con el resto.


Es en este ámbito temático, que, desde la pintura, con sus característicos elementos expresivos de comunicación, es decir, desde el empleo de sus recursos de valoraciones netamente plásticas, Angélica Cordero, construye desde su emoción, desde lo subjetivo de su mirada, la objetivación pictórica de su testimonio, que bien puede leerse en esta propuesta, como la crítica a la deshumanización del ser urbano, en tanto que este hombre, constituyente de una gran masa ciudadana, contenida en la desproporcionada extensión de su urbe, acaba perdiendo, dentro de esta multitud, sus rasgos esenciales que le diferencian del resto… y que precisamente, son los que le humanizan; pérdida que nos lleva a la evocación de su idealidad… justamente por no tenerla, y por ende, desde su esencia antropológica, a valorar, una vez más, a cada persona como individuo, en la virtud de la diversidad, como componente imprescindible de nuestras construcciones de sociedad.


Porque, en nuestro sino del ser histórico, esta es nuestra paradoja: en tanto que seres sociales, nos necesitamos, pero en la unión de un con-junto; para poder existir en nuestra riqueza individual, no podemos prescindir de los demás, pero, con el riesgo siempre latente de caer en la anulación del individuo, al perder la ciudad la medida en su dimensión humana, y quedar tan profundamente cada cual en soledad, cuanto más comprimidos en este exceso del número, tal como los seres que pueblan la triste y desolada ciudad de estas pinturas.


Se opera, por tanto acá, en esta propuesta estética, por sentido de contradicción, es decir, que en cuanto se enfatiza a un grado superlativo el carácter serial de este hombre desolado en una no identidad, signándose cada vez más próximo a la idea de un mero número, más echamos de menos sus rasgos ideales de humanidad, aquellos -lo que es una advertencia aquí, y mérito ésta, de este trabajo pictórico- que no debemos perder… o que no debemos dejar de buscar.

Patricio Bruna P.
Curador de la Casa Galería MIRENART

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